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Mostrando entradas de julio, 2014

Microcuento

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Él le quería bien dura, y ella, falta de ganas de tratar con míseros engreídos con valor de alzar su mirada por encima de cualquier criatura que debilidad humana mostrara, decidió entregarle sus pendientes de perlas. Ellas no se romperían ni quebrarían ante tales exigencias. Tuvieron el final deseado. Él obtuvo la dureza que tanto ansiaba y ella se liberó del peso que tanto le consternaba: él.  

El perdón

“El primer paso para el perdón es hacerse amigo de uno mismo porque el peor enemigo en estos casos siempre es la memoria; p erdonar no es decirle al otro te perdono sino que el verdadero perdón es hacerlo testigo de nuestra felicidad actual para que vea que el dolor pasado ya no existe más”                                    Tim Guénard

El rey Gudú

" ...en lo venidero lo tuvo en cuenta, pues, amén de inteligente y bien aconsejada, antes que nada era mujer, y por tanto, sabia por naturaleza."                                                                                                            El rey Gudú

Microcuento

Y llegó así, sin más. Tomándose la licencia de romper todos mis esquemas. "Déjame temblar un momento" le pedí encarecidamente.

Amar

Amar no es solamente decirle al otro que es guapo, sino asegurarle que puede salir adelante. Es decirle al que esta magullado: " Eres magnífico". Y también lo es asegurarle: "No tengas miedo de ti mismo ni de tu pasado, no tengas miedo de tus padres. Eres libre, puedes cambiar, puedes reconstruir tu vida". Amar es creer que todas las personas heridas en su memoria, en su corazón o en su cuerpo, pueden transformar su herida en fuente de vida. Amar es depositar expectativas en el otro e inocularle el virus de la esperanza.                                                                                      Más fuerte que el odio.

Sin el re

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La brisa irrumpió en el aparente orden de aquella oscura habitación para levantar el polvo acumulado de otoños olvidados. Papeles deslizándose por la cálida atmósfera y corazones consternados de fracasos no sanados. Grandes puentes y ni un ladrillo. Intenciones olvidadas, ninguna acción realizada. Fue aquella brisa la que arrojó el velo de una mentira edificada sobre afanes mediocres de vidas infestadas de mentiras. Apariencias y nada más. Aquella brisa susurraba la esencia de un querer despertar de nuevo, de un revivir. Pero esta vez, sin el re.  

La gran estafa

“No puedo aceptar que todo se acabe: nuestros sueños y deseos, nuestro amor, nuestros seres queridos, las buenas obras. Sí, deben ir a parar a alguna parte. Debe haber un más allá. Porque, si no es así, sería como si no hubiéramos vivido, sería la gran estafa”                                                                                                                      Ana María Matute