Él le quería bien dura, y ella, falta de ganas de tratar con míseros engreídos con valor de alzar su mirada por encima de cualquier criatura que debilidad humana mostrara, decidió entregarle sus pendientes de perlas. Ellas no se romperían ni quebrarían ante tales exigencias. Tuvieron el final deseado. Él obtuvo la dureza que tanto ansiaba y ella se liberó del peso que tanto le consternaba: él.
Huye del triste amor, amor pacato, Sin peligro, sin venda ni aventura, Que espera del amor prenda segura, Porque en amor locura es lo sensato. Antonio Machado.
Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría.Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. (...) Que te quise y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser. Julio Cortázar - Rayuela
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