Microcuento

Después de la intensidad vivida, se dispone a respirar. Cierra los ojos mientras con delicadeza deja aterrizar imágenes repletas de melodías en forma de palabras. No quiere olvidar. Despacio se dedica a guardar aquel tesoro en el único lugar donde el ruido jamás tiene cabida: en el corazón. Allí nadie puede corromper la belleza secreta adquirida en aquellos susurros certeros. Definitivamente era el lugar perfecto.

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