La batalla
Era una auténtica guerrera. Siempre de batalla en batalla. Nunca huyó, siempre se enfrentó. Jamás permitió que su miedo fuera más fuerte que su fe. Y a pesar de ello, no siempre vencía en el primer asalto. Cuando la debilidad se apoderaba de ella, más grande era su afán de lucha pues mayor era el milagro que se obraba. Tras alguna caída se sentía incapaz, pero de inmediato recordaba las victorias acontecidas y alzaba el rostro. Crucial es pues la memoria del pasado que guía el futuro con paso firme. Gracias a ello, jamás se rindió. Y es que, la más intrépida de las batallas era contra ella misma.
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